Printer Friendly Article Recommend this article to a friend About the Author

La Epístola a los Hebreos, Parte 7

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

Junto con Hebreos 6, el capítulo que vamos estudiar es un favorito para las personas que persiguen la seguridad condicional de la salvación, a pesar de que dentro del mismo capítulo el escritor claramente afirma que por Su único sacrificio, el Señor nos ha hecho perfectos para siempre. Es la costumbre del hombre incluir cláusulas condicionales a los contratos con las cuales pueda tener una "salida" si las cosas marchan mal. Las personas que manejan documentos legales le llaman a esas cláusulas condicionales "cláusulas evasivas" basadas en la idea de que se permite "evadir" un trato que sale mal o si se cambia de idea sobre el mismo. Entonces, es natural que el hombre trate de buscar las cláusulas evasivas de Dios, aun si tiene que sacar versículos fuera de contexto en un lado u otro, en su intento para demostrar que las ha encontrado. Todos hemos sido advertidos que cuando un asunto parece muy bueno para ser cierto, probablemente lo es, y dejémonos de cosas, pero el ser salvos por gracia por creer que Jesús murió por nuestros pecados, es algo demasiado bueno para ser cierto.

A nosotros se nos olvida que el Señor ya sabe el resultado de Su contrato con nosotros, por eso es que no necesita de ninguna cláusula evasiva. Y Él tampoco introdujo ninguna condición de logros para nosotros, de todas maneras, sino que solamente pide que aceptemos por fe lo que Él ha hecho por nosotros. Y puesto que Él no puede mentir, si Su Palabra dice que somos salvos incondicionalmente una sola vez por todas, entonces esa es la manera que es, y todo aquello que nos parece que lo contradice o lo modifica, tiene que ser producido por un malentendido de nuestra parte.

Esto merece ser repetido. Si nosotros encontramos un versículo que parece contradecir o modificar la promesa de Dios de que somos salvos de manera incondicional, quiere decir que hemos malentendido ese versículo. No quiere decir que Dios ha cambiado de opinión sobre eso, o que lo ha aclarado, o explicado con mayor detalle. Significa que nosotros lo hemos malentendido. Punto. De otra manera Su palabra no podría ser confiable, y tendríamos también que ir versículo por versículo buscado las cláusulas evasivas en todas las demás promesas que Él nos ha hecho.

Entonces, si el escritor de Hebreos no estaba contradiciendo a Jesús, ni a Pablo, ni aun a sí mismo, cuando escribió la parte que llamamos el capítulo 10, ¿entonces, qué quiso decir? Bueno, veamos.

Hebreos Capítulo 10

Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados (Hebreos 10:1-4).

Después de todos los sacrificios que se hicieron, pareciera lógico que si estos hubieran servido para quitar el pecado lo hubieran logrado. Pero en vez de eso, se convirtieron en un recordatorio anual de que Dios aun miraba a Su pueblo como unos pecadores, no aptos para habitar con Él. A pesar de que esos sacrificios eran requeridos, no los acercaba al cielo más de lo que habían estado anteriormente, sino que los mantenían de no caer en un estado aun peor, y solamente si los llevaban a cabo con un corazón humillado y contrito. Cualquier insinuación en la mente de las personas, por pequeña que fuera, de que estos sacrificios en realidad los hacía más justos, cancelaba aun el pequeño esfuerzo de haberlos hecho. (Isaías 66:2-4).

Por lo cual, entrando en el mundo dice:

Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí [Salmo 40:6-8].

Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. (Hebreos 10:5-10).

Conociendo la situación difícil de Su pueblo el Padre preparó un cuerpo físico para el Hijo, permitiéndole convertirse en un ser humano para que pudiera cumplir con las Escrituras relacionadas con el sacrificio por el pecado. Es lo único que nos puede salvar. La palabra hebrea traducida "voluntad" nos da una mirada especial sobre esto. Esta palabra aparece 15 veces y significa "un favor voluntario". Se deriva de una raíz que quiere decir "pagar una deuda". El Hijo se ofreció voluntariamente para morir por nosotros con el objeto de pagar la deuda que nosotros debíamos. Observe el tiempo pasado perfecto. Hemos sido hecho santos. Es un asunto logrado. Cumplido. (Recuerde esa palabra.)

Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:11-14).

Aquí tenemos de nuevo una comparación entre los sacerdocios de Leví y de Melquisedec. Con los sacerdotes levíticos era una interminable fuente de sacrificios insuficientes que nunca salvaron a nadie, ni siquiera por un instante. Pero el sacrificio único del Señor fue suficiente para perfeccionarnos para siempre, a pesar de que aun nos encontramos en el proceso de ser santos. La palabra traducida perfectos también se usa en Mateo 5:48. Allí el Señor dijo, "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". Y luego Él lo hizo posible.

En Juan 19:30 cuando Jesús dijo, "Todo se ha cumplido", Él usó una forma de la misma palabra como si dijera, "Allí tienen. Los he hecho perfectos, como el Padre de ustedes en el Cielo es perfecto".

La palabra traducida "para siempre" también significa de manera continua, sin cesar. Una vez aceptamos Su muerte como el pago por nuestros pecados nunca más habrá un momento a los ojos de Dios en que seremos menos perfectos de lo que Él es. ¿Cómo puede ser eso? Porque el sacrificio único del Señor fue suficiente para cubrir todos los pecados de nuestra vida, pasados, presentes y futuros. Y como Dios puede ver el fin desde el principio, Él ha escogido vernos como seremos entonces, cuando estemos ante Su presencia y nos convirtamos en hecho de lo que ahora somos en fe. Perfectos.

Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:

Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, [Jeremías 31:33]

Añade:

Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones [Jeremías 31:34].

Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado (Hebreos 10:15-18).

El escritor está mostrando que Jesús es el cumplimiento de Jeremías 31:31-34 que ha sido citado en su totalidad en el capítulo 8. Su sacrificio fue la ofrenda de un Nuevo Pacto. Eso le permite al Padre "olvidar" que alguna vez pecamos. Ya no existe la necesidad para un sacrificio diario por el pecado, ni de ninguna otra obra que tenga la intención de mantener nuestra posición. Ahora solamente tenemos que pedir para poder recibir el perdón inmediato y la purificación (1 Juan 1:9). Y como el autor dijo anteriormente, el continuar haciendo esas cosas relega el sacrificio del Señor al mismo nivel que el de los bueyes y los corderos, y a los creyentes que hacen eso los coloca al mismo nivel que sus antepasados, que aun son del pueblo de Dios pero están consignados al desierto. Perdemos nuestra comunión.

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca (Hebreos 10:19-25).

Esta es una exhortación poderosa para que descansemos en la "plena certidumbre de fe". Nuestro Sumo Sacerdote se ha presentado antes que nosotros y ha abierto el camino hacia el Trono de Dios. En donde antes hubiéramos muerto al acercarnos ante la presencia de Dios, ahora podemos acercarnos a Él con toda confianza. No más obras religiosas, no más incertidumbre, no más depender de un sacerdote pecador para que lleve a cabo un ritual imperfecto. El confiar en Dios para que haga lo que Él prometió hacer, y ayudar a los demás en el cuerpo de Cristo a hacer lo mismo, nos regocija por el hecho de que siempre seremos bienvenidos en la casa del Padre. Ya no se necesita de ninguna cita, ni de hacer fila para entrar.

Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor [Deuteronomio 32:35]. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo [Deuteronomio 32:36]. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! (Hebreos 10:26-31).

Cómo es que este pasaje ganó terreno como que se aplica a nuestra salvación, está fuera de mi entendimiento. ¿Ha existido alguna vez algún cristiano que dejó de pecar después de que fue salvo? Aun si no ha leído el resto de la carta, una persona racional tendría que concluir que solamente hay dos opciones para interpretar esto. Ya sea que estamos totalmente perdidos más allá de toda esperanza, o que el pasaje se refiere a alguna otra cosa fuera de nuestra salvación. Intente usted imaginarse a alguien que luego de haber sido salvo nunca se volvió a enojar, ni tuvo ningún pensamiento de lujuria o de envidia, que nunca engañó a nadie o dijo algo desagradable sobre alguna otra persona. Y no digo solamente una vez, a pesar de que solamente eso habría sido suficiente, sino que ha sucedido con más frecuencia de lo que podemos imaginar. Recuerde, en el Salmo 19:12-13 el Rey David le pidió al Señor que perdonara sus pecados, aun aquellos de los que no tenía conocimiento de haber cometido, y no solamente de los que él sabía que había cometido. Y solamente porque no recordemos que hemos pecado no significa que ese pecado no fue deliberado. Pecar es tan natural para nosotros como respirar, y así como no lo pensamos cuando respiramos, y no nos recordamos que lo hacemos, aun así lo hacemos deliberadamente.

El rehusar tomar nuestro descanso sabático y trabajar para ganar o para mantener nuestra salvación es un insulto al Espíritu de Gracia. El juicio y el fuego a los que se refiere 1 Corintios 3:12-15 es cuando la obra de cada creyente será juzgada según los motivos ocultos en su corazón. Devolverse a la Ley de Moisés después de que Jesús vino a cumplirla, es el peor insulto a Dios que el que era por desobedecer la ley antes de que Él viniera, y eso dará como resultado que toda la obra de esa persona sea destruida en las llamas. El pecado al que toda esta carta se ha venido refiriendo, se basa en los sacrificios del Antiguo Pacto para mantener lo que se nos ha dado gratuitamente bajo el Nuevo Pacto. Ningún sacrificio acabará con nuestra relación con Dios que la que nuestros continuos pecados causan. Únicamente la confesión y el perdón pueden hacer eso. ¿Por qué? Porque nosotros confesamos cuando esperamos ser perdonados. Eso es un acto de fe y lo que más desea el Señor es que nosotros vivamos por fe. Por eso es que Él lo dejó muy claro que esa es la única condición sujeta a nuestra salvación.

Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe [Habacuc 2:3-4]; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma (Hebreos 10:32-39).

El autor termina este capítulo con un recordatorio de todas las victorias que ellos han ganado solamente por la fe. ¿Por qué van ellos ahora a retroceder y conformarse con menos? Ellos necesitan hacer la voluntad de Dios para poder recibir las bendiciones que Él ha prometido. ¿Y cuál es la voluntad de Dios?

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:39-40). Creer y ser salvo. El Señor también ha prometido nunca perderlo a usted. Ambas promesas son la voluntad de Dios.

La referencia a retroceder y perderse es lo opuesto a creer y ser salvos. Sus lectores no se perderán porque se han convertido y son salvos. Ahora la meta es descansar en la total seguridad de la fe, y no ser tentados a regresar a las obras religiosas. La próxima vez visitaremos la espectacular muestra de la vida victoriosa, Hebreos 11, el Salón de la Fe. Nos vemos entonces. 15/12/2007.